El municipio de Espeja de San Marcelino conserva muchas de sus tradiciones, pero también se perdieron otras por orden de la iglesia en el siglo XVIII, como fueron las rondas, los bailes de Semana Santa y los ilorios.
Estos últimos, costumbre derivada de hilar, a la que han dejado sin hache, en principio fueron reuniones durante el invierno de mozas casaderas en casa de una de ellas, por turnos, con el fin de hilar y conversar. Con el tiempo se juntaban con ellas los mozos, vigilados con certeza por toda la familia tanto de los unos como de las otras; por eso, no es de extrañar que desde el púlpito se quisiera acabar con esta costumbre pecaminosa.
De las tradiciones antiguas que se siguen manteniendo, cabe mencionar la “pingada del mayo”, en la que los “jóvenes solteros” cortan un pino y lo pingan en la plaza del pueblo para así recordar que ya ha “entrado la primavera”.
Otra de las tradiciones, son las “Marzas”, a principios de marzo, en la que los mozos aprovechan para comerse una docena de huevos cada uno. Con las cáscaras se hace un collar que se cuelga en la cruz del rollo y se cantan las marzas.
Siguen “enramando” las casas de las mozas por San Juan. De las fiestas relacionadas con el Ramo de Pascua, las mozas de Espeja iban a pedir todos los domingos de la Cuaresma para el Santísimo. Con el dinero que se recaudaba, se compraban las rosquillas y naranjas para hacer el ramo del Domingo de Pascua, que posteriormente era subastado y cuyo producto iba a parar a la parroquia.
Vestimenta Tradicional
El traje típico de Espeja de San Marcelino, está compuesto de camisa blanca, chaleco y delantal negro, y, falda roja; es igual que el traje típico soriano.